
Algún día encontraré una palabra que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo y abra tus ojos como un dios sin nubes, y te use tu saliva y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches o tal vez no la comprendas.
No será necesario. Irá por tu interior como una rueda recorriéndote al fin de punta a punta. mujer mía y no mía, y no se detendrá ni cuando mueras.
ROBERTO JUARROZ

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